La moral vs. el negocio
Es curioso ver como las empresas, sobre todo las grandes multinacionales, cada vez son más “sensibles” a las inquietudes de la comunidad global. ¿Que la gente está cada vez más concienciada sobre la explotación infantil, sobre lo feo que queda que un directivo cobre miles de millones mientras sus empleados cobran salarios mínimos, etc ? Pues firmamos un reglamento interno en la compañía sobre buenas maneras, en el que nos comprometemos a que ninguno de nuestros productos serán manufacturados por menores de 16 años en régimen de casi esclavitud, y de paso hacemos que nuestro flamante presidente cobre el simbólico sueldo de un dólar por año… qué bonito ¿verdad? lo que no dicen estas empresas es que efectivamente respetan escrupulosamente sus códigos de buena conducta, sobre lo que no opinan es sobre si las empresas subcontratadas, o las sub-sub-subcontratadas a su vez, efectivamente respetan compromisos que ellas no han firmado. Estarían en su legítimo derecho de no hacerlo, como mucho se lo debiera de impedir su propia moral, pero si la empresa que las contrata no se interesa o simplemente se desentiende de todo el proceso de elaboración de su producto desde la recolección de materias primas hasta su distribución al cliente final ¿quién tiene el valor moral para exigirles nada a ellas?
Eso es lo que siempre pasó en los países más avanzados, en los que ahora tratamos de limpiar nuestras conciencias con códigos de buena conducta de cara a la galería (los consumidores finales), pero que las empresas están tratando de tapar con el afán de grandes contratos en la incipiente y prominente comunidad china.
Sabedores de que están en juego suculentos beneficios en uno de los mercados potencialmente más grandes del mundo, echan por tierra los códigos internos que tienen. Lo que es inherente a cada compañía, esté firmado en un papel o no, es su moral, y es vergonzoso lo que son capaces de hacer.
El último caso: programas diseñados por terceras partes. La empresa: Apple.
Resulta que para tener la “tranquilidad” de un funcionamiento normal de su APP Store en China, Apple ha tenido que claudicar con que no se distribuya de ninguna manera ningún tipo de aplicación que tenga que ver con el Dalai Lama o la causa del Tíbet. Una demostración de qué peso tiene en la balanza los resultados económicos ante la moral de la empresa. Personalmente, estaría avergonzado de tener algo que ver con Apple.
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